viernes, 8 de julio de 2011

Callejera


CALLEJERA

I
De que me sirven esta pluma,
Y este tintero negro,
Estas estrafalarias vestiduras de poeta,
¡A quién le escribo!, ¡Si tú no estás!

II
Es de madrugada,
Y ese maldito gato me tiene enfermo.
Maúlla queriéndome llevar al infierno,
Entraño tu presencia, mujer sin futuro.

III
Te recogí en la calle y te metí en mi guarida,
Para hacerte el amor encima de mis  poemas.
Pero me embriagaste, te llevaste el vino,
Mi cartera y mi destino.

Bernal Vargas

5 comentarios:

Siddey Machado Cruz dijo...

Interesante creación!Dos personajes en escena! polémicos ambos; una por su quehacer elegido y el otro, que además es quien escribe, con problemas serios ya, por el abuso de las bebidas etílicas y con el típico síndrome de anteojos de cerveza! toda mujer le resulta bella!,más aún a esas horas que coincidieron! y hasta alucinando ya ve los azules!Diría que sin futuro prometedor no solo para ella! también para el, si continúan en esas andanzas! aunque la entrañe y le sirvió de inspiración, los dos se encuentran en situaciones de alto riesgo !
Más vale que lo que se le llevó la dama fue material! el talentó dichosamente no se lo arrebató! ni la paz interior! y prueba fidedigna de eso es precisamente esta hermosa creación! que más que nada invita a la reflexión! Felicidades Bernal!

Bernal Vargas dijo...

Es un poema propio de mis años de bohemia, de esa vida loca en que caemos algunos hombres, a veces salimos ilesos, otras no perdemos sin remedio.

JAIRO JAVIER dijo...

UN HERMOSO POEMA CON EL TOQUE EXISTENCIAL Y UNA VIDA BOHEMIA , ME GUSTA MUCHO LO DEL GATO Y LO DE LA MUJER CALLEJERA ME RECUERDA MUCHO MIS ANDANZAS DE GUARERAS , ME GUSTA EL COLOR Y EL EXISTENCIALISMO QUE LE PONES , ESTÁS SON LAS EXPERIENCIAS QUE CALAN EN LA PIEL , PERO BELLAS ,,JAJA MUY BIEN POETA SALUDOS AMIGO

Bernal Vargas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Bernal Vargas dijo...

Jairo, vos y yo por lo que veo somos lobos de la misma cordillera.
El alcohol y el sexo son hermanos gemelos, y viven un idilio encarnizado, gracias Jairo.